El futuro, esa distante e inalcanzable frontera que la humanidad siempre ha imaginado como la utópica quimera de paz y cordialidad o, por otra parte, como un caótico escenario apocalíptico.
El hecho es que no es ni una cosa ni la otra. El planeta no es la promesa de líderes que prometieron un porvenir mejor, pero tampoco está al borde del abismo de las teorías de pánico.
En realidad, el 2217 no es tan diferente de los inicios del milenio. Los cambios se han concentrado en una revolución tecnológica, mientras que, por ejemplo, la innovación en transporte y ecología ha sido casi completamente abandonada.
Irónicamente, cuando el transporte dejó de dañar la atmósfera terrestre, el daño a la humanidad provino de virus e infecciones que la humanidad creía superadas. La falta de control y prevención en distintos puntos del planeta llegó a tal extremo que en el año 2200 las fronteras comenzaron a cerrarse intermitentemente.
Esta es la historia de un ciudadano de a pie en el 2217 y su convivencia accidentada con la tecnologia del futuro.