Soy Eidan.
He aprendido que la paz nunca llega sin dejar cicatrices, y que cuando
el silencio se alarga demasiado… es porque algo está esperando. Esta
noche lo siento con claridad, como un peso invisible en el pecho, como
un eco lejano que no pertenece a este mundo.
La Academia de Héroes duerme.
Desde la torre más alta observo los patios vacíos, las antorchas
temblando bajo el viento y las sombras que se alargan entre las
columnas de piedra. Todo parece tranquilo, pero ya he vivido lo
suficiente como para no fiarme de la calma. El castillo siempre sabe
antes que nosotros cuándo se aproxima el cambio. Cruje, respira, sus
muros susurran historias antiguas a quienes están dispuestos a
escuchar.
Mis amigos descansan.
Sara, con su magia aún vibrando como brasas bajo la piel.
Hako, cuyo pasado y destino siguen entrelazados con la sangre del
planeta Lagarto.
Lyra, siempre alerta, incluso cuando duerme.
Olter, fuerte como la tierra que lo llama.
Kaira, con la carga de su tribu grabada en el alma.
Zurok, que mira el mundo desde el cielo… y desde el futuro.
Somos el Escuadrón de Exploración. Siete nombres que ya han
empezado a convertirse en leyenda, aunque ninguno de nosotros lo
pidió. Hemos luchado contra minotauros, orkos, trols y horrores que no
deberían existir. Hemos visto caer imperios y despertar guardianes que
llevaban ochenta mil años dormidos.
Y aun así… no es suficiente.
Los portales volverán a abrirse.
Lo sé. Lo siento en la vibración del aire, en la forma en que la magia se
acumula en los anillos de la torre, en el pulso irregular de los cristales de
vigilancia. Pronto recibiremos visitantes. Nuevos rostros cruzarán los
umbrales entre mundos, llamados por razones que aún no
comprendemos del todo.
Serán nuevos miembros.
Algunos llegarán con esperanza.
Otros, con miedo.
Quizá alguno oculte secretos más oscuros que los nuestros.
Me pregunto si estarán preparados. Si nosotros lo estaremos para
guiarlos. Porque el planeta Lagarto no es solo un mundo hostil: es una
herida abierta. Bajo sus cielos rojos y sus mares verdes aún se
esconden civilizaciones olvidadas, criaturas ancestrales y fuerzas que ni
siquiera el Leviatán puede ver venir.
Tenemos aliados ahora.
Reptilianos y Licántropos, unidos por necesidad.
Guardianes primordiales vigilando desde la distancia.
Pero el equilibrio es frágil.
Demasiado frágil.
A veces, cuando cierro los ojos, veo las profundidades del planeta. No
roca ni magma… sino algo más antiguo. Algo que no fue invocado, algo
que no responde a trompetas ni rituales. Algo que despierta por
voluntad propia.
¿Serán suficientes los nuevos miembros del escuadrón?
¿Bastará con nuestros aliados actuales para detener lo que se
avecina?
¿O el planeta Lagarto volverá a reclamar sangre antes de quedar en
silencio?
Aprieto el puño alrededor de la barandilla de piedra.
Si el futuro exige guerra, lucharemos.
Si exige sacrificio, lo aceptaremos.
Porque mientras existan portales abiertos y sombras bajo la tierra, el
Escuadrón de Exploración seguirá avanzando… aunque el precio sea
descubrir que el mayor peligro aún no ha mostrado su verdadero rostro.