La ciudad de cenizas estaba sumida en un silencio inquietante, roto solo
por los gritos lejanos y el crujido de edificios semiderruidos. Las calles
ardían en humo y fuego, y el hedor de la muerte flotaba en el aire. Hako y
Lyra corrían entre escombros y barricadas derruidas, esquivando restos de
coches volcados y cuerpos que aún no habían sido reclamados por los
zombis. Cada paso que daban era un riesgo; cada calle podía ocultar un
enemigo hambriento y letal.
—¡Apresúrate, Lyra! —gritó Hako, sujetando con fuerza su espada
mientras esquivaba un zombi que surgía de un callejón—. Si no llegamos
al sur, la ciudad entera caerá.
Lyra asintió, con la respiración entrecortada y el corazón latiendo con
fuerza, mientras disparaba con su pistola láser a cualquier muerto viviente
que bloquease su camino. Sus manos temblaban, pero no de miedo: la
determinación brillaba en sus ojos. Cada zombi derribado era una pequeña
victoria, pero la horda crecía sin cesar, y el tiempo corría en su contra.
—Hako… —jadeó Lyra, mientras apartaba un escombro que bloqueaba la
avenida—. No podemos detenernos ahora. ¡Todos los supervivientes
cuentan con nosotros!
Los gritos de los humanos atrapados se mezclaban con los gruñidos de los
zombis, creando un coro aterrador que llenaba la ciudad. Cada esquina
parecía esconder otra amenaza, cada sombra un ataque sorpresa. Sin
embargo, Hako y Lyra avanzaban, moviéndose con la coordinación de
quienes habían sobrevivido a innumerables batallas, esquivando, atacando
y protegiéndose mutuamente.
—Al sur… la horda se concentra allí —dijo Hako, señalando hacia la
avenida principal, donde las llamas iluminaban un ejército interminable de
muertos vivientes—. Debemos detenerlos antes de que se extiendan a
toda la ciudad.
Lyra apretó los dientes y ajustó su brazalete, sintiendo la energía
recorriendo su brazo. La adrenalina aumentaba con cada paso, con cada
disparo y con cada zombi que caía. Sabían que esta carrera no solo era
por ellos, sino por toda la humanidad que aún respiraba en la ciudad de
cenizas.
El sur los esperaba. Una prueba de fuego, sangre y desesperación. Y
mientras corrían hacia el epicentro del caos, la ciudad misma parecía
susurrarles un aviso: solo los valientes, los rápidos y los decididos podrían
sobrevivir a lo que estaba por venir.
Hako y Lyra no miraron atrás. Cada segundo contaba. Cada acción podía
significar la diferencia entre la vida y la muerte. Y así, entre el humo, los
gritos y los cadáveres ambulantes, la batalla por la ciudad de cenizas
estaba a punto de comenzar.