El cielo estaba cubierto de humo y nubes grises que flotaban pesadamente
sobre la ciudad de cenizas. Kira y Olter corrían entre los escombros,
saltando sobre barricadas derruidas, evitando los cráteres y los restos de
edificios colapsados. Cada paso levantaba nubes de polvo y ceniza que se
mezclaban con el olor acre de la guerra y la destrucción.
A lo lejos, se escuchaban los gritos de los supervivientes, corriendo
desesperados entre las calles en llamas, buscando refugio en casas
semi-destruidas o sótanos improvisados. Pero el peligro era constante:
orcos enormes, con armaduras pesadas y hachas gigantes, se movían
entre los escombros, aplastando todo a su paso, mientras los reptilianos
de escamas brillantes atacaban con garras afiladas y ojos que brillaban
con malicia.
—Olter, debemos mantenernos juntos —dijo Kira, con la respiración
agitada, mientras esquivaba un zarpazo de un reptiliano—. Cada segundo
cuenta, si caemos aquí, todo estará perdido.
Olter ajustó su escudo y levantó su espada, observando cómo los trolls se
unían a la masacre, gigantescos y temibles, embistiendo sin piedad a
quien se interpusiera en su camino. Los licántropos, aliados por su parte
con los reptilianos en esta guerra, saltaban entre los edificios, derribando
barricadas y atacando con ferocidad.
—Tenemos que descubrir las verdaderas intenciones de la Sombra —dijo
Kira, con determinación mientras bloqueaba un ataque de un orco con su
martillo de guerra—. No podemos dejar que destruyan más vidas.
La batalla era brutal. Cada golpe de Kira con su martillo y su hacha
derribaba a un enemigo, mientras Olter, con su espada y escudo, protegía
a los supervivientes y repelía ataques de orcos y reptilianos. Los
escombros volaban por los aires con cada choque, y los rugidos y gritos
llenaban el aire.
La ciudad del este estaba en llamas. Casas derruidas humeaban, calles
llenas de cadáveres y escombros marcaban la devastación, y los pocos
supervivientes que quedaban corrían buscando refugio, gritando
desesperados mientras los monstruos continuaban su avance implacable.
Los licántropos se movían ágilmente entre los escombros, mientras los
trolls levantaban escombros y los lanzaban contra todo lo que se moviera.
—¡Vamos rápido! —gritó Kira, viendo a un grupo de humanos acorralados
por un orco enorme—. Tenemos que impedirlo antes de que maten a más
gente.
Olter asintió, jadeando, y ambos se lanzaron de nuevo al combate,
corriendo entre fuego, polvo y gritos, listos para enfrentarse a los orcos,
reptilianos, trolls y licántropos, dispuestos a hacer todo lo posible para
proteger la vida de los inocentes y evitar que la Sombra lograra su
devastador objetivo.
La batalla más dura de sus vidas apenas comenzaba, y Kira y Olter
estaban preparados para luchar hasta el final, sabiendo que cada instante
podría decidir la supervivencia de la ciudad y de toda la humanidad.