El templo de los Fantasmas Guardianes estaba en silencio. La luz de la
luna entraba a través de los vitrales, reflejando destellos en el suelo de
piedra y creando un ambiente de paz, a pesar de las recientes batallas y
visiones de peligro.
Eidan caminaba entre las columnas antiguas, todavía sosteniendo el
Libro Sagrado y la Espada de la Justicia. A su lado, los siete amigos
del Escuadrón de Exploración lo seguían, conscientes de que aquel
lugar no era solo un refugio, sino un punto de conexión con su destino.
Delante de ellos, la estatua del líder de los Fantasmas Guardianes
brillaba con luz propia. Lentamente, los ojos de la estatua se
encendieron de un rojo suave, y la voz resonó en la cámara:
—Eidan… elegido entre dos mundos, mitad reptiliano, mitad Fantasma
Guardián. Has demostrado valor y determinación. Pero tu misión
apenas comienza.
Eidan se inclinó ligeramente, respetuoso y atento.
—Sí… lo sé. Y haré todo lo necesario para detener al líder de las
Sombras y proteger el mundo.
La estatua se iluminó aún más y, de su base, comenzaron a emerger los
Fantasma Guardianes. Sus formas etéreas flotaban sobre el suelo, sus
ojos brillando con sabiduría y poder.
—No podemos intervenir todavía —dijo el líder de los Fantasmas—.
Pero te doy este colgante —entregándole un objeto brillante y antiguo—.
Cuando llegue el momento de la batalla final, frótalo, y nosotros
apareceremos para ayudarte.
Eidan tomó el colgante entre sus manos, sintiendo la energía que
emanaba. La luz del templo lo envolvió, y por un instante, pudo sentir la fuerza y la guía de los Fantasmas Guardianes comosi fueran una sola
conciencia.
—Gracias —susurró—. No los defraudaré.
Los amigos se miraron entre sí, reconfortados por la presencia
silenciosa de los guardianes. Lyra sonrió y dijo:
—Aunque aún no sepamos cuándo, siempre estarán con nosotros
cuando los necesitemos.
Eidan levantó la Espada de la Justicia y el Libro Sagrado, mientras los
Fantasmas Guardianes desaparecían poco a poco en la luz del templo.
Sabía que aquel colgante era más que un objeto: era la promesa de
que no lucharían solos en la batalla que se avecinaba.
Al salir del templo, los siete amigos se detuvieron un momento en la
entrada, observando el horizonte. El mundo afuera parecía tranquilo,
pero todos sabían que la calma era solo temporal.
—Lo importante —dijo Eidan——es que estamos preparados. Unidos. Y
que tenemos aliados que nos guiarán. Lo que venga, lo enfrentaremos
juntos.
Y mientras la noche los envolvía, los Fantasma Guardianes
permanecieron invisibles a los ojos mortales, pero presentes en espíritu,
observando al joven elegido y su Escuadrón de Exploración, listos para
el día en que el mundo necesitara ser salvado de la oscuridad total.
El primer libro terminaba así, con la promesa de la aventura y el
peligro que aún aguardaba, y con Eidan más consciente que nunca de
su origen y del destino que debía cumplir.
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EIDAN Y LOS FANTASMAS GUARDIANES: EL LEGADO DE NADIE Y EIDAN, #16
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