Hay mujeres que organizan el mundo. Y hay mares que no aceptan ser organizados.
Andrea Billow ha pasado toda su vida siendo exactamente lo que se espera de la hija del gobernador de Londres: puntual, metódica, impecable. Cada compromiso tiene su fecha, cada decisión tiene su justificación. El viaje a Port Royale no es distinto. Es una misión diplomática. Tiene itinerario. Nada puede salir mal.
Lo que sale mal son los cañones.
Cuando piratas atacan su barco en alta mar, Andrea no grita ni se desmaya. Negocia. Exige. Pierde de todas formas. Y acaba prisionera a bordo de un navío que huele a ron y a gloria pasada, frente a Asten: diez años mayor, ex-leyenda del Atlántico caído en la irrelevancia más rotunda, que la mira como si fuera un problema que nadie le pidió resolver.
Pero Asten descubre algo entre los papeles de Andrea que lo obliga a tomar una decisión incómoda: contárselo a ella. Lo que revela amenaza con cambiar el destino de mucho más que un solo viaje.
De mala gana, con desconfianza mutua y un trato que ninguno de los dos quiere hacer, Andrea y Asten unen fuerzas. Ella para proteger lo que más quiere en el mundo. Él por razones que todavía no está dispuesto a explicar. En algún punto del Atlántico, entre enemigos declarados, algo completamente inoportuno empieza a tomar forma.