En una ciudad donde todo se reemplaza con rapidez, existe un pequeño taller donde nada se desecha.
Clara Ríos, una escritora atrapada entre el bloqueo creativo y las cicatrices de un amor perdido, llega al taller de Kenji Cabrera buscando material para un libro sobre oficios olvidados. Lo que encuentra es algo mucho más profundo: el arte japonés del Kintsugi, una antigua técnica que repara la cerámica rota con polvo de oro.
Para Kenji, cada grieta cuenta una historia.
Mientras observa cómo vecinos del barrio llevan sus objetos rotos —una tetera heredada, un jarrón familiar, una simple taza de café— Clara descubre que cada reparación es también una historia de duelo, culpa, memoria y reconciliación.
Pero el verdadero objeto que necesita reparación no está en el taller.
Está escondido en una caja que Clara no se atreve a abrir.
El arte de reparar lo roto es una novela luminosa sobre la paciencia, la aceptación y la belleza que nace de las cicatrices. Porque a veces, las fracturas que más nos duelen son también las que pueden transformarnos en algo más fuerte… y más hermoso.