Mi marido prefirió quedarse dormido frente al televisor.
Yo preferí ponerme ese vestido que aún despierta miradas.
En la fiesta del vecindario, ya no podía ignorar al vecino que no deja de observarme como si supiera exactamente lo que necesito. Y cuando faltó hielo, encontré la excusa perfecta para pedirle ayuda.
Solo eran unas bolsas.
Solo unos minutos en mi cocina.
Solo un pequeño secreto… mientras mi esposo dormía en el salón.
Esa noche dejé de ser la esposa ignorada.
Fui deseo, riesgo y tentación.
Este cuento corto y caliente es un relato erótico destinado solo a mayores de edad. Su contenido es explícitamente sexual.