Estos sonetos fueron escritos por una voz anónima que eligió la metáfora como refugio después de años de fracasos continuos y la búsqueda de sentido, ante la maldad humana que anida cada rincón de los espacios públicos. En la tranquilidad de esta paz sobrenatural, aparece la pasión y la belleza de la manera más hermosa, aquí se encuentra el sosiego necesario para transformar el dolor en poesía.
El amor, la luz y la calma son protagonistas en las calles donde deambulan con sufrimiento, y son testigos silenciosos de esta transformación íntima que se ofrece ahora como acompañamiento a quien transita por el barro de caminos similares.
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