Melancolía de mis palabras es un poemario que se abre como una herida y, al mismo tiempo, como un refugio. En estas páginas, Nikkolas convierte el dolor en belleza, el vacío en verbo, y la vulnerabilidad humana en un acto de resistencia poética.
Cada poema es un eco del alma desgarrada que busca sentido entre la ausencia, el amor y la muerte. El autor explora sin pudor la tristeza, la fragilidad mental y el amor roto —no desde la autocompasión, sino desde una lucidez que desarma. Verso tras verso, el lector se adentra en una geografía íntima donde la melancolía no es solo sufrimiento, sino una forma profunda de existir.
El lenguaje de Nikkolas es directo, visceral, casi confesional. Hay una desnudez emocional que recuerda a los ecos de Alejandra Pizarnik, Sylvia Plath o Idea Vilariño, pero con una voz propia, masculina y contemporánea. En poemas como “El visitante de la ventana”, “Entre la vida y la nada” o “Sauce llorón”, la muerte se vuelve una compañera de diálogo; en otros, como “Fresas y veneno” o “Amor otoñal”, el amor se muestra como un territorio de ruina y salvación a la vez.