Debemos huir del mal por medio de la razón, y no por falsos temores que no conducen a nada. La razón debe advertirnos que dañar a nuestros semejante nunca puede hacernos dichosos, y nuestro corazón indicarnos que contribuir a la felicidad de otros es el más grande goce que la naturaleza nos haya acordado sobre la Tierra. (Diálogo entre un sacerdote y un Moribundo).
Eso dice Sade.
Pero se prefiere no saberlo.